La ciencia de los trastos de torear

 La ciencia de los trastos de torear
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La ciencia de los trastos de torear.

EL CAPOTE Y LA MULETA».

(Por Marlen F.dez)

El capote y la muleta poseen una extraña naturaleza muerta. En sus telas nace y muere el arte efímero de torear. Si en el pasado aludíamos a la evolución del traje de luces, esta vez nos adentraremos en el difícil mundo de los trastos de torear.

Gracias al capote y a la muleta, el torero ‘deconstruye’ las reacciones del toro para someterlas en proceso breve, originando un nuevo mundo: el de la creación. Cambiar la seda por el percal es una frase muy utilizado por comentaristas de radio y televisión. Cuando los toreros sustituyen sus capotes de paseo por los de brega, el periodista hace uso del rico vocabulario taurino, aunque a tenor de lo visto esta vez de manera incorrecta.

EL CAPOTE DE TORERO

En la actualidad el capote es una mezcla de “poliéster y nailón”, pero hubo un tiempo en que estaban hechos de seda. “Mi padre cortó muchos capotes de seda. Eran excelentes para que las muñecas templaran a base de toques la embestida del toro”. Es la explicación de Emilio Asiaín, que en la actualidad trabaja con su padre, su madre y su hermana en la Sastrería Emilio, en un pequeño local que tienen en la madrileña calle Ave María.

El elevado coste que tenían no fue la única razón por la que a partir de los años 60 se cambió la seda por el nailon. El ejército tuvo mucho que ver. De forma no premeditada le hizo la competencia muy fuerte a la Fiesta al usar la seda en la fabricación de los paracaídas.

La producción de gusanos de seda se enroló en las Fuerzas Armadas y los disparatados costes dieron definitivamente la puntilla a aquellos maravillosos capotes. REPORTAJE: Existe tanta especificidad en el mundo de los sastres que no es nada raro ver a las figuras hacerse la ropa de torear en Justo Algaba, Santos, Fermín y Maestra Nati, por citar algunos ejemplos; después llevarse los capotes confeccionados por Alejandro; y por último comprar las muletas en Emilio.

A simple vista, un capote o una muleta de un torero no parecen distintos a los de otros, a menos que sea más grande o más pequeño. Sin embargo, los trastos son algo así como la aerodinámica de un Fórmula Uno. Si el Red Bull va mejor este año que el Renault no es por el motor –que es el mismo– sino por el diseño y la distribución de pesos, y eso mismo es lo que ocurre con las telas.

Los toreros son científicos en la práctica y cuando visitan el taller del sastre piden mejoras que se adapten a su forma de torear. “Los trastos tienen que ser la prolongación del cuerpo”, afirma Enrique Vera, “entonces necesitan que aquello que se prolonga tenga el tacto que ellos le quieren imprimir”.

Enrique Vera fue torero y desde hace muchos años pone su experiencia y afición al servicio de los profesionales que visitan la sastrería de la Maestra Nati. El taller lo fundó su abuela allá por los años 40, su madre recogió el legado de la Maestra y ahora Enrique se encarga del taller de Sevilla mientras que su madre permanece en el de Madrid.

Enrique Vera quiso ser torero aunque no llegó tan lejos como su primo. Recuerda que en su época, el patrón que tenía cualquier sastrería era único y sólo difería en la altura.

Normalmente sólo había tres tamaños de trastos, hoy todo ha cambiado favorablemente. “Hay toreros a los que les gustan los capotes muy blandos para manejarlos de una manera; hay otros que necesitan menos peso en la parte de arriba y que tengan un poquito más de vuelo en los lados; y hay quien quiere el dibujo del capote más plano y a otros les gusta más redondo”. La clave está en los matices y “en eso soy muy meticuloso”, puntualiza Vera, “quizá porque he sido torero”.

Cada torero ya tiene su patrón propio y el sastre lo guarda como oro en paño en esta particular “base de datos”. El precio de un capote oscila –según el sastre que lo elabore– entre los 250 y 325 euros. En la actualidad la Sastrería Alejandro, situada en Madrid entre la Puerta del Sol y la Plaza Mayor, es la que más fama tiene.

Su gran evolución, tal y como aseguran algunos compañeros suyos, es hacer trastos con un corte casi perfecto. Pero volvamos a comparar los capotes que había antiguamente con los de ahora. “Para mí es fundamental toda esa evolución”, declara Enrique Vera, “porque hemos pasado de los trastos que no podías elegir” a “la perfección técnica del toreo.

Hoy en día cada uno necesita tener unos trastos que vayan bien en vez de estar pensando” en cómo acoplarse a las telas. Aún recuerda Enrique cómo cuando empezó a torear le “daban un capote muy grande” y entonces “lo recogías hasta dejarlo a tu gusto”-

Pero si la altura y la medida de las bambas, así como la rigidez del nailon son claves, tampoco nos debemos olvidar del papel que protagonizan los forros. Fabricados del mismo material del que están hechos el revés y el envés del capote, los forros distribuyen los pesos allí donde lo pide el torero.

Algunos, acostumbrados a torear con las palmas de las manos, necesitan poca rigidez en la tela y algo más de peso en la parte de abajo para embeber el viaje del toro.

El papel del sastre es realizar esas mejoras y que el torero las pruebe. Se supone que con estos cambios en las telas sería más fácil torear bien, pero por desgracia no siempre es así. Muchas veces es el toro, pero otras es el viento el que se convierte en el gran enemigo.

En esos días, el mozo de espadas saca del fondo de la espuerta un capote mucho más pesado para luchar contra el viento y el toro.

Capote de torero personalizado

LA MULETA DE TORERO

Terminado el tercio de banderillas, el torero coge la espada y la muleta para comenzar el último tercio.

Lleva una muleta que se limpia con pistola de agua a presión y una ayuda de acero muy ligera que parece la espada de verdad. Y es que el toreo también aquí ha cambiado mucho más de lo que parece. Las muletas lavables suponen una transformación excepcional.

Además del espada que las utiliza, el que más ha debido agradecerlo es el ayuda de mozo de espadas, que tantas veces ha sufrido para quitar la sangre del toro. Un invento que deja en el fondo del esportón, junto a los pesados capotes, al cepillo de púas de acero. “El problema que tienen esas muletas es que cada equis lavados hay que darle un poco de apresto para endurecer el cuerpo”. El tacto también cambia, pero Enrique Vera dice que hay toreros que se han adaptado muy bien y cree que les costaría mucho volver a las sensaciones de la muleta tradicional. Desde su experiencia taurina, el joven sastre se decanta por las de toda la vida. Vayamos al largo tablero que suele haber en las sastrerías.

 

Encima de la madera recubierta de barniz hay unas tijeras grandes, un metro de madera y una bobina de tela roja. “Una muleta se tarda en cortar de 12 a 14 minutos”, calcula Emilio Asiaín. La Sastrería Emilio vende varios cientos de muletas al año, una sola cuesta 185 euros y hay figuras que gastan hasta 200 en una misma temporada. En cuanto a materiales esta sastrería no ha cambiado nada desde hace varias décadas: “Aquí siempre ha sido de lana.

Eso de que la muleta es de franela como cuentan, no es cierto”. Al cabo de un año Emilio recibe de 5.000 a 7.000 metros de tela. Hasta el barrio de Lavapiés, acuden muchos toreros porque según dicen tiene uno de los mejores patrones. “Mi padre comenzó a cortar el modelo de muleta de Joselito El Gallo”, asegura.

En la actualidad ese corte se mantiene pero es un palmo más grande de contorno. Esta variación en el corte es la que actualmente utiliza el torero José Tomás. “Cuando José Tomás vino por aquí la primera vez todavía era novillero”, recuerda.

Después, el torero de Galapagar se apoyó en la inteligencia de Antonio Corbacho para introducir cambios decisivos: “José Tomás nos pidió un día que pusiéramos unos velcros para que la muleta no se abriera y también para los forros”.

 

El invento que ideó el suizo George de Mestral y que después utilizaría la NASA para los trajes espaciales, entraba en el toreo en la década de los 90. La distribución de los forros ha supuesto un gran paso que permite quitarlos y ponerlos en el momento adecuado.

Enrique Vera lo explica sintéticamente: “hoy en día los toques pasan desapercibidos para el público, pero son los que te permiten en un momento dado enganchar a diferentes alturas o mover la mano de manera que permita pulsear la embestida del toro”. Y precisa: “La técnica que hay en la actualidad hace que los toques sean perfectos. A uno de los toreros que más admiro es al maestro José Tomás porque tiene sutileza en los toques de la muleta, una precisión exacta y los maneja de tal manera que pasan desapercibidos.

Gracias a ese manejo tan preciso puede entrar en distancias muy especiales donde es tan difícil templar, someter y poder acariciar. Y todo eso depende de la colocación de los forros”.

Este complejo mundo de velcros y forros en las muletas lo han recogido otros matadores adaptándolo a su forma de torear. Algunos creerán que esta supuesta transformación es puro artificio, pero por un momento ¿se han parado a pensar cuántas veces se abren las muletas por la parte de abajo? Por otra parte la utilización de los forros desmontables ha hecho ganar en eficiencia.

Los toreros han pasado de tener muletas de forro y medio o doble para días con más viento, a tenerlas de un único forro con velcros que permitan ir añadiendo peso. EL ESTAQUILLADOR La muleta va montada sobre un palillo fino de madera. “El palillo también ha cambia- REPORTAJE 22 do” dice Vera “es totalmente personal porque cuando toreas con la mano izquierda, los hay que necesitan uno de 60, 62 o 65 centímetros y eso depende del tacto”.

Para dominar los trastos “a la perfección es imprescindible torear de salón una hora y media todos los días”, explica, “para que las manos y las muñecas se acostumbren a su bamboleo, a su movimiento y que luego no te sientas sorprendido”.

En este laboratorio de pruebas “los palillos son fundamentales porque hay gente que al montar la muleta con la mano izquierda necesita 5 centímetros más para que al presentar la muleta toque de una manera que le haga sentirse más cómodo; y hay también quien lo necesita más pequeño”. Este objeto junto al corte de la tela es lo que marca “la presentación de la muleta”.

Después de toda esta explicación, montar la muleta puede parecer algo accesorio y, sin embargo, también es vital. Algunos juntan los dos picos de izquierda a derecha o de derecha a izquierda dejando la madera libre para tener un buen tacto. En cambio otros prefieren cubrir el palillo. Cuestión de acoplarse.

LOS ACEROS Cuando se coge la muleta con la mano derecha va montada con la espada. Antiguamente las faenas se hacían de principio a fin con la de verdad. Por su peso pasaron a ser de madera. El periodista Paco Aguado lo cuenta: “La idea se le atribuye a Manolete. Al parecer, pidió permiso para usarlo después de lesionarse la muñeca en un accidente de tráfico. Pero la verdad es que Manolete no se inventó nada, sino que recurrió a ello porque ya se utilizaban.

Las ayudas ya habían sido usadas sobre todo por los becerristas desde tiempos de Joselito El Gallo”. Las ayudas tradicionalmente han sido de madera, aunque en los últimos tiempos las de acero, llamadas mexicanas, son las más solicitadas.

Están elaboradas con un acero cuya aleación las hace ser muy ligeras. Son algo más estrechas, pero hacen sentir al torero muy a gusto. El fabricante de una parte importante es Espadas Luna. Les hablamos de una empresa espadera que se dedica exclusivamente al mundo taurino desde el siglo pasado. El iniciador de esta historia fue el gran Enrique Luna, un maestro en la elaboración de espadas de torear. Tener una espada suya era poseer un arma perfecta.

En el taller de Luna había varias personas aprendiendo la fórmula perfecta de don Enrique. Al final fue Enrique Muñoz quien se quedó con el negocio. Al cabo de unos años ocurrió exactamente lo mismo y Juan Pablo Benito se quedó con el negocio. “Enrique Muñoz era amigo de mis padres. Fui a verle y me propuso aprender el oficio tal y como lo aprendió él con Luna”, dice. Juan Pablo hace y repara espadas, descabellos, puntillas y ayudas.

Sostiene que estas espadas son tan buenas “sobre todo por el acero y ese tal vez sea el principal secreto que tenemos y que aún no se conoce”. Para hacer una espada hay varios procesos. El acero llega en barras, se corta, “se trabaja en la fragua y se le da forma”, se desgasta en la piedra y se atempera. Habitualmente se fabrican en tandas y se terminan en un par de días aproximadamente. Según Juan Pablo, las espadas han evolucionado mucho. “Antiguamente eran muy largas, medían de 85 a 87 centímetros.

Las estocadas enteras hacían guardia por lo que era más habitual ver medias estocadas”, comenta. Ahora en el taller Espadas Luna se hacen estoques más cortos que miden entre 75 y 80 centímetros, según sea para toros o novillos.

Estos aceros a su juicio “son más certeros y los manejas mejor”. En cuanto a los efectos, Juan Pablo señala que estas espadas “matan mejor por la sencilla razón de que la punta no baja tanto y al mismo tiempo te evita hacer guardia”. Podríamos haber seguido, podríamos haberles contado algo sobre los colores de las vueltas del capote, o de los tonos en los forros de la muleta. También se ha quedado en el tintero explicar los canales de las espadas, o contar que el descabello puede ser más ancho, más largo o más corto.

Todo un amplio muestrario que certifica cuánto ha evolucionado el toreo en el fondo y en la forma.

 

La ciencia de los trastos de torear.

Paco Ramos

Torero en activo y experto en tauromaquia. Bloguero y apasionado del mundo del toro. Comparto mi experiencia como torero en el blog detorero.com y la tienda online trajesdeluces.com

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