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Traje de torero
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Juan Belmonte

Juan Belmonte es sencillamente uno de los mayores mitos de la historia del toreo

Protagonista indiscutible de la edad dorada del toreo y uno de los matadores más populares de la historia. Muchos le consideran el fundador del toreo moderno, el padre de una nueva forma de lidiar y enfrentarse al astado.

Belmonte nació en el barrio de La Alameda  en 1892.

Su familia pronto se mudó a Triana, donde el niño pasaría su infancia. Perdió a su madre muy pronto y su educación no fue mucho más duradera: apenas cuatro años. Este hecho, sin embargo, no mermó en absoluto el nivel cultural del futuro matador.

Pequeñas escapadas nocturnas junto a sus amigos le pusieron en contacto con el mundo taurino. Así con once años creció entre dehesas,capeas de becerros y correrías clandestinas.

A los 17 años vistió  el traje de luces por vez primera.

Ocurrió en la plaza de toros de Elvas, Portugal, durante una correría de toros embolados y sin muerte. En el verano del año siguiente, se dio a conocer en El Arahal, donde incluso mató a un novillo, y en agosto.

Juan Belmonte regresó a este insigne ruedo en 1911, pero con más pena que gloria. No obstante, el fracaso no le desanimó, y siguió apareciendo en ruedos y lidias. En 1912, tres triunfales apariciones en Valencia le catapultaron de nuevo a su ciudad natal el 21 de julio. Allí, en la Maestranza, . Su actuación fue tan sorprendente que fue sacado a hombros de la plaza y conducido hasta la puerta de su hogar. Acababa de nacer una leyenda, que muy pronto debutaría en Madrid.

Juan Belmonte tomó la alternativa en la capital española el 16 de octubre de 1913

Teniendo como padrino a Machaquito y de testigo a Rafael Gómez Ortega, hermano mayor de Joselito. Con éste último Belmonte mantendría una intensísima rivalidad que conduciría a ambos a firmar la edad dorada de la tauromaquia.

 

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Juan Belmonte delante del toro

Las dos jóvenes promesas coincidieron en los ruedos en 1914, participando al año siguiente en 85 festejos. En 1916, Belmonte sufrió una pronta cogida que condicionó su temporada, pero inflamandose su vigor taurino. En 1917 el diestro de Triana protagonizó la temporada más espléndida y brillante de su carrera. Se llegó a denominar ” El año de Belmonte”.

A finales del mismo, el torero viajó a Perú. Allí conoció a su esposa e inició una gira por los ruedos de América que lo apartó de los espectáculos españoles durante 1918.

En 1919, Juan Belmonte participó en 109 corridas lo que significó un hito en la tauromaquia, todo un récord. Al año siguiente, Joselito pereció en los ruedos, lo que afectó profundamente a Juan Belmonte. Sin rival y sin retos, se retiró en 1922.

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Joselito y Belmonte

Pese a todo, Belmonte siempre anheló por encima de todo los aplausos y los vítores del público. Así  regresó a los ruedos dos años después, participando en varios festejos, aunque sin el aplomo y la magnificencia de la década anterior. Nunca se recobró de la prematura muerte de su querido compañero y contrincante.

A pesar de ello, Belmonte siguió unido al mundo taurino. Toreó con más o menos frecuencia hasta el estallido de la Guerra Civil y además fundó una ganadería.

Siempre hasta el día de su muerte, estuvo cerca de los toros, brillando como un mito, como una leyenda.

El 8 de abril de 1962 Juan Belmonte se suicidó en su finca de Utrera.

Aún no había cumplido su septuagésimo cumpleaños. El suicidio no sirvió sino para inmortalizar su figura, consolidar a un torero legendario. , aquellos que tomaron el relevo de su muleta y capote. Juan Belmonte fue el origen del arte de torear, tal y como lo conocemos hoy en día.

Hasta entonces, torear se fundamentaba en esquivar, con mayor o menor elegancia, las acometidas del astado. La idea dominante era práctica y sencilla: o se quitaba el torero o el toro le quitaba a él.

Para él, torear se inspiraba en dos ideas primordiales: la quietud y el temple.Pero Juan Belmonte revolucionó esta habilidad tan clásica dentro de la tauromaquia. Fue capaz y el primero en enfrentarse al toro bravo con los pies quietos, clavados en el suelo y con una pose sosegada y gallarda.

Con un excelente juego de brazos, podía sortear al animal sin apenas inmutarse. Su estilo pronto se caracterizó por el riesgo y la osadía, lo cual despertó pronto la admiración del público. Así, supo extender una armonía plena entre él y el astado, colaborando con el animal en la corta distancia, figurándose ambos los núcleos de una nueva figura escultórica.

Juan Belmonte practicó este nuevo procedimiento de torear, en un tiempo en que los astados eran fieros e impredecibles. Su lucimiento fue seguido por los toreros que le sucedieron, y por esta razón, muchos consideran a Belmonte como el creador del toreo moderno.

Asimismo, hay que remarcar que Belmonte coincidió en la historia con otro de los mejores toreros. . La afición taurina pronto se dividió en favor o en contra de uno o de otro. Gallistas y belmontistas disfrutaron de una competencia que fue la etapa dorada de la tauromaquia.

De hecho, Juan Belmonte fue amigo de diferentes intelectuales y escritores, siendo asimismo un destacado lector. El pintor Ignacio Zuloaga, el escritor Ramón María del Valle-Inclán o el poeta Gerardo Diego le consideraban un artista más. Memorable es la cita de Ernest Hemingway, premio nobel de literatura: “He conocido a dos genios. Uno fue Einstein. El otro Juan Belmonte”

Juan Belmonte fue un torero personal, rompedor y revolucionario. Convirtió la tauromaquia en arte y atrajo a los ruedos a multitud de aficionados. Muy querido por otros artistas y muy defendido por los mismos. Parco en el habla y sobrio en el gesto, igual que en la plaza taurina: quieto y sereno ante el astado. Llamado también “El pasmo de Triana” o “El fenómeno”, epítetos consagrados a la figura de un gran maestro.